Todo tiene un pasado, un presente y un futuro, incluso las cosas más diminutas. A veces sus recuerdos son tan perfectos, que son imposibles de olvidar, pero otras veces...no son tan perfectos como para querer recordarlos.
Mis recuerdos eran extremadamente nulos, con eso quiero decir que mi vida no era... como decirlo... recomendable.
``Todo ocurrió cuando yo tenia unos 4 años. En ese entonces aún vivía en Tallin (Estonia) junto con mis padres en un piso cerca del centro de la capital. Ese día había amanecido con un sol tan radiante que se podía ver como sus rayos quemaban las hojas de los arboles.
Como siempre, me levanté de la cama y con mis pequeñas piernas caminé hasta el cuarto de mis padres. Hoy sería un día muy especial, ¿quien no se perdía un día en el parque de atracciones?
- ¡Papá, mamá! ¡Es la hora, es la hora!- grité a los cuatro vientos mientras saltaba en el colchón dando grandes brincos llenos de euforia.
- Ya vamos, ya vamos...- respondió mi madre mientras soltaba una carcajada divertida.
Al ver que mi padre no se levantaba, decidí saltar también sobre el. Aunque no era buena enfadar a mi padre, no había tiempo que perder. Tras sentir como se removía entre las sabanas y soltaba un leve gruñido de enfado, bajé de la cama y le quité las sabanas.
-¡Ya es la hora, dije!-grité mientras me cruzaba de brazos e hinchaba mofletes.
-Vale, vale. Ya lo he entendido- refunfuñó mi padre mientras se levantaba de la cama y se dirigía a la cocina.
Pasada una media hora desde que nos habíamos levantado ya estábamos preparados para coger el coche e ir hacia el parque que hace unos días se había inaugurado. Dejamos las cosas en el maletero y entramos en el coche. Mientras mi padre conducía, yo observaba el cielo desde la ventanilla del coche. Ni una nube que pudiera destrozar el día que tanto había esperado.
El viaje me pareció corto, cuando quise darme cuenta ya habíamos llegado al parking del parque. Bajamos del coche y tras dar las entradas que hace unos días mi madre había cogido en ``El Corte Inglés´´ entramos. Todo era espectacular, las fuentes que rodeaban la plaza principal y las casas al estilo rustico hacían que el parque pareciese una ciudad de verdad.
El día transcurrió perfectamente, me divertí mucho en las atracciones que había para niños de mi edad. Cuando ya casi finalizaba el día me dí cuenta de que faltaba un espectáculo de despedida. Tras pedir a mis padres si podíamos asistir, mis padres asintieron y no dudamos ni un minuto más en sentarnos en la primera fila para ver aquel espectáculo que al parecer tenia como protagonista el fuego.
-Mamá... ¿y si el señor se quema o algo?-pregunté preocupada mientras observaba a mi madre.
-No va a pasar nada, cariño. Lo tienen bien controlado-respondió mi madre sonriente.
Tras la respuesta tan decidida de mi madre comenzó el espectáculo. Era impresionante como los participantes movían las antorchas de fuego hacia distintas direcciones, parecía como si se burlaran de nosotros y bailaran al son de la música.
Todo iba genial... hasta que uno de los participantes dio un paso en falso y tropezó haciendo que la antorcha que sostenía cayera al suelo. Por desgracia el fuego comenzó a mezclarse con gasolina que por desgracia se había derramado en el suelo minutos antes. Las llamas se hicieron más y más grandes y comenzaron a destrozar todo lo que encontraban a su paso.
La gente corría aterrorizada y a medida que todo se iba derrumbando, la gente se quedaba atrapada entre los escombros. Cogida de la manos, mis padres corrían dirección a la salida, todo iba bien... pero justo cuando íbamos a pasar por la salida una viga de madera calló sobre nosotros sepultándonos bajo ella. No podía respirar, las horas pasaban y nadie nos venía a buscar. Mis padres no se movían y mis piernas estaban atrapadas impidiéndome moverme. Cuando creía que todo estaba perdido algo o alguien comenzó a remover los escombros que nos tenían atrapados tanto a mí como a mis padres. Agonizante de dolor comencé a llorar, no se si de alegría o de dolor, pero lloré como nunca jamas lo había echo. Me tumbaron sobre una camilla y con la vista borrosa contemplé como también sacaban a mis padres tumbando a cada uno en una camilla diferente, les cogieron el pulso y negando con la cabeza les taparon hasta la cabeza con una sabana blanca. Desde ese momento mi vista se quedó completamente a ciegas y mis ojos se cerraron automáticamente.´´
Recordaba ese día como si hubiera sido ayer... todavía podía sentir aquellos escombros clavándose en mi piel. También podía sentir la respiración entrecortada y los suspiros agonizantes de dolor de mis padres mientras se iban desvaneciendo lenta... muy lentamente.
Podría haber impedido el final trágico de mis padres si no hubiera pedido en su momento ni ir a aquel parque del ``horror´´ ni ir a ver aquel espectáculo que terminaría en una catástrofe... Supongo que me sentía culpable de todo lo sucedido.
``Cuando desperté, estaba tumbada en una cama, dentro de una habitación de paredes blancas y suelo de baldosas color beis. Una chica me observaba desde un lado de la cama y me sonreía tiernamente, su cabello era castaño y sus ojos de un color avellana muy peculiar. No dudé en preguntarle por mis padres.
-¿Y mi mamá y mi papá?¿Donde están?-
La chica de pelo castaño me dirigió una mirada distante y triste, no entendía lo que pasaba... hasta que un ruido en la puerta cortó la situación en la que estábamos metidas. Un chico de cabello grisáceo y ojos negros entró en la habitación y de un portazo cerró la puerta.
-Nos la llevamos- dijo el hombre con un tono violento.
-Pero... ¿y mis papas?- pregunté sin entender lo que ocurría.
El hombre me miró con frialdad y cogiéndome de la mano me arrastró sacándome de la cama, seguí preguntándole lo mismo durante el pequeño trayecto. Ya casi habíamos llegado a la salida del hospital hasta que el hombre se giró y respondió:
-Tus padres están muertos-
Tras sus palabras volvió a girarse y me arrastró hasta un coche. Pasé todo el viaje en silencio, sin nada que decir. Cuando llegamos a nuestro destino salí del automóvil y seguí al hombre de pelo canoso, supuse que aquel lugar sería un aeropuerto, por los cristales se podía contemplar como los aviones iban y venían y como la gente entraba y salía.
Cuando quise darme cuenta ya habíamos entrado en el avión dirección Berlín. El viaje se me hizo eterno, yo seguía sin mediar palabra y aquel hombre no me daba explicaciones de porque estaba montada en un avión ni de porque mis padres habían muerto.
Cuando llegamos a nuestro destino volvimos a entrar en un coche. Me quedé dormida debido al tambaleo y la música del coche. Cuando llegamos desperté algo perturbada debido al ruido de las puertas del coche, al salir lo único que vi en aquel lugar solo fue una casa de campo con una pista de baloncesto. En la entrada se podía ver un letrero en el que ponía ``Orfanato Wrenwitch´´.
Entré dentro de la casa y una chica de aparentemente 18 años me guió hasta lo que sería mi futura habitación. Había varias niñas dentro de ella y me observaban sonriente. Desde ese momento lo entendí todo. Nunca volvería a mi antigua casa y nunca más vería a mis padres. Tendría que quedarme en aquel lugar como una huérfana más y esperar hasta que mi destino cambiase´´
Los días en aquel lugar se me hicieron eternos, no tenía amigos y desde que salí del hospital, jamás solté una sola palabra. Me dedicaba a observar desde una ventana como pasaba el tiempo y como niños y niñas salían de la casa y entraban en ella. No hablaba con nadie ni tenía intenciones de hacerlo, supongo... que me negaba a aceptar todo lo que había y estaba ocurriendo.